el del hombre honesto, trivial.
Empújame. Nada de abismos,
tampoco moscas en la pieza.
Acompáñame.
Tocame el corázon, tocalo Corazón,
a un costado o picala.
Engáñame que no me gusta,
y hazme sentir próspero,
que sirvo más allá de abrazar bien,
y escuchar telenovelas de oficina.
Vení, sentí mis demonios, la intimidad,
su pudor, su demanda,
su pudor, su demanda,
la de joggings agujereados y
desayunos en calzoncillos.
Ayúdame a sostener mi carne, que está
cruda
que es un pellejo en las muelas del
perro,
una panzada en noche buena,
tu maquillaje al despertar,
un litigio entre linyeras, la noche
en otoño,
triste y con hojas sentenciadas,
y pienso en ellas, pobres, vulneradas,
entonces pienso en mí,
y necesito de tu histeria,
para mantenerme y entender,
que el espacio físico, o la
muerte,
es lo que menos interesa en el
asunto.
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