viernes, 28 de diciembre de 2012

Recelos de un país en bruto


Busco los cimientos de esta máquina
sobre el aparador, sobre el bidet,
en la desesperación del sexo, de sentirme un fracaso,
de perderte en un shopping, de perderte.
Y aún me preocupo por los sinmedias,
la tinta del diario que mancha, la erección,
la erudición, su necedad;
la admiración frente a los relatos,
el vidrio del Axolot, una trinchera aún mojada.

Tranquilo argentino, joyita de la abuela,
somos el pucho hasta la colilla, la tuca,
mi vieja y su Alplax; no dormí anoche, qué lindas bocinas;
somos el bondi que no para, somos el bondi lleno,
el que vende lapiceras, y el que se las compra.

Desazón. Desasosiego. Demasiados ciegos.
La nación en pelotas, sus fábricas, su rutina,
jubilados encimados, la corbata del cajero,
la corbata del dueño del cajero,
la ilusión en una caja de fósforos.

Tranquilo país de noche,
seguí llorando con las tripas y acariciando con el codo,
si estas hecho (de) pedazos:
Vías inglesas, fachadas francesas, porongas de acá;
manteca al techo, la vaca sube con nosotros,
la fiola se te ríe, te pega, pagame, te pago.
Hay quórum, no hay quórum, sale sí o sí.
Cuánto hay.
Libertadores, Copa Libertadores,
libertad, Canal Nueve Libertad,
proselitistas, procesistas, partidistas,
peronistas, maestros cansados.
Las calles repletas, las veredas benditamente rotas,
la yerba amargada, pero no sientas presión
es todo parte de la religión.

Tranquilo argentino, púgil eterno,
a estos les ganamos con los trapos,
y te chamuyo en la esquina,
y me chamuyan en el contestador,
que repite y repite, y repite,
 e inmortaliza su figura, y agradecé;
están las estatuas, sin mirar a la gente, 
con respaldo en los manuales,
nos pinchamos el pecho los veinte de junio,
y nos aprieta el guardapolvo.
Quisimos siempre el ballet en zapatillas, 
los cajetillas y el mondongo también.
Nos puteamos, amamos con demencia, 
nos cogemos, nos volvemos a amar.
Profetas sin título, sólo chabones con nobleza de alcoba, 
con la tele en la alcoba, llamamos al psicólogo, 
a la rubia tarada para luego volver a ser padres.

Tranquilo país de plastilina, que te queremos como sos,
si hacemos daño es porque nos gusta,
 nos mofamos, nos sufrimos, y seguimos sin querernos querer; 
vos negro andá allá, y yo quién quiero ser.
Los bigotes envinados, los fierros oxidados, nos hizo mal temer.
Tranquilo argentino de manos sin palmas, de dedo erguido:
o expectativas o fe; 
que los curas silban y las virgencitas no cantan.
Sólo hay vermut y anchoas, mecánicos engrasados,  
el mediodía del domingo, libros, pañuelos 
y la gloria de morirse.
Con lamento te aprecio, por el norte y por el sur, 
por la uñas embarradas, por la patria manoseada.